A sus 45 años, el actual primer ministro canadiense, Justin Trudeau, se ha convertido en uno de los políticos mejor valorados del mundo. Progresista, culto, transparente y tolerante, el hijo del que una vez también fuera primer ministro, Pierre Trudeau, ha alcanzado una fama internacional que ningún presidente canadiense había logrado alcanzar antes. Y no ha sido gracias a medidas polémicas o escándalos en su gobierno, como muchas veces suele ocurrir, sino a su savoir faire y a sus actitudes diplomáticas.

Pero de lo que hoy os vamos a hablar es de un detalle muy específico, que sin embargo parece aglutinar sus muchas cualidades de una manera bien destacable: se trata de sus calcetines. Y es que el presidente de Canadá, a menudo denominado también el primer ministro más sexy del mundo, es todo un apasionado del mundo de los calcetines originales.

Ejemplo de ello son los calcetines que llevó al desfile del Orgullo Gay en Toronto este pasado verano. Consciente del gran peso de la comunidad musulmana en su país, de más de un millón de personas, Trudeau se enfundó unos calcetines multicolores que decían “Eid mubarak”, una expresión en árabe que se emplea tradicionalmente para felicitar el fin del Ramadám. Como seguramente el presidente esperaba, los medios se hicieron eco de la novedad, y en todo el mundo quedó retratado, una vez más, el carácter tolerante de un político capaz de celebrar al mismo tiempo la diversidad sexual y los valores de la comunidad musulmana. Bien jugado.

Los calcetines divertidos, arma secreta de un buen presidente

Pero aquella ocasión no se trata de una excepción. Casi se ha convertido en un juego para la prensa y los usuarios de las redes sociales mantener una constante atención sobre los calcetines e intentar dilucidar los mensajes que puedan contener. Gran amante de Star Wars, Trudeau se ha vuelto viral en Twitter en más de una ocasión por sus calcetines con personajes de una galaxia muy, muy lejana, como Chewbacca o R2-D2.

Sus divertidos calcetines no pasan desapercibidos ni siquiera para sus homólogos de medio mundo. La primera ministra británica, Theresa May, le felicitó el pasado mes de septiembre por sus calcetines, y la prensa ha pillado en alguna ocasión a la canciller alemana, Angela Merkel, observando con evidente curiosidad los calcetines del canadiense. Y es que Trudeau no deja pasar ninguna oportunidad. A cada visita que hace o recibe, a cada acto al que acude, Trudeau siempre elige el par de calcetines perfectos, que combinen con su traje pero que sean llamativos y, a menudo, sirvan para enviar algún mensaje divertido o conciliador.

Su bautizada por los medios como “diplomacia del calcetín” se ha hecho tan popular que otros presidentes han tomado nota y están comenzando a emular al canadiense. Tal es el caso de Leo Varadkar, actual primer ministro de Irlanda, que recibió el pasado julio en Dublín a Trudeau con un par de calcetines rojos bien llamativos. Así, Canadá ya tiene otro regalo con el que obsequiar al resto del mundo: una forma de hacer política más transparente, divertida y cercana, que contrasta con la ira e impulsividad de otros como, por ejemplo, ese presidente al sur de Canadá que siempre están tan enfadado.